Dedicaré mi primer post sobre cine a la película que más me ha golpeado el corazón y las entrañas en los últimos tiempos: Mar Adentro, de Alejandro Amenábar.
No fui a verla en cuanto la estrenaron, ni me la descargué enseguida como suelo hacer con toda película que me apetece mucho ver. Temía una decepción y tenía miedo a todo lo contrario, a que me pasara lo que me pasó.
En unos multicines de un pueblo gerundense, el sitio más alejado de la forma de vida gallega que yo conozca, de repente me sentí como en casa. Eran mis paisajes, eran mis gentes, mis acentos, mis maneras de ver las cosas que tantísimo echaba de menos sin saberlo. Desde el primer momento me sentí como una parte más de esa historia que contaba, aún siendo completamente ajena a ella
Estuve conteniendo mis lágrimas alrededor de veinte minutos, hasta que empezó a sonar "Negra Sombra" en la voz de Luz Casal, y ya no pude contenerme. La mezcla de "mi morriña", contenida durante tanto tiempo, esa dura historia tan delicadamente contada y la acertada utilización de la música (¡qué música!) como hilo narrador de unas bellísimas imágenes, hizo que no pudiese parar de llorar el resto de la película, y un largo rato después.
Me ahorraré los halagos (justificadísimos) hacia todos los integrantes del equipo que produjo tal maravilla: actores (Javier Bardem, Belén Rueda, Lola Dueñas, Mabel Rivera, Celso Bugallo, Joan Dalmau, Clara Segura, Tamar Novas y Francesc Garrido), dirección artísitica (Benjamín Fernández), fotografía (Aguirresarobe, maestro), montaje (Iván Aledo), guión (Mateo Gil y Amenábar), pero no puedo terminar este post sin dar al menos las gracias al Sr. Amenábar. Por tener la idea, por escribirla, por contarla de ésta su manera y no de otra.
En fin, me "releo" y puede parecer que exagero. Pero esta historia así contada me golpeó muy fuerte en el momento en que la vi, quizá es por eso, quizá ...
Mar Adentro (poema)
Mar adentro, mar adentro,
y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños,
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno,
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo;
es como penetrar al centro del universo:
El abrazo más pueril,
y el más puro de los besos,
hasta vernos reducidos
en un único deseo:
Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras:
más adentro, más adentro,
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.
Ramón Sampedro